La peña sobre la que se construyó la ermita de Santa Cecilia no es muy generosa en cuanto a espacio, de ahí que una observación cabal de toda la cabecera sea difícil. En la foto inferior os ofrecemos una instantánea tomada desde levante, punto en que el terreno asciende y el observador se sitúa a la altura de la cubierta. La vegetación y rocas que observáis en primer plano quedan separados del semicírculo absidal por un reducidísimo espacio, lo que impide obtener una imagen completa de aquél.
Accedemos al exterior de la cabecera (foto 2) por medio de un pasillo abierto en el cuerpo inferior del husillo. El ábside se compone de dos cuerpos separados por una moldura en la base de las ventanas en forma de nacela (foto 3). Dos semicolumnas dividen el tambor en tres calles y se coronan con sendos capiteles situados a la altura de la serie de canecillos que sirven de soporte a la cornisa. En cada una de las calles se abre una ventana de doble derrame y chambrana decorada con motivos vegetales. De las tres, sólo la axial presenta columnas acodilladas y capiteles esculpidos.
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