Pocas edificaciones pueden hacer gala de haberse conservado tal como fueron pensadas en la época románica. La pequeña ermita de Santa Eulalia es uno de esos casos: la planta de nave única y cabecera semicircular precedida de presbiterio recto se mantiene tal cual, sin añadidos que afeen el diseño original. Solo una excepción: la espadaña barroca sobre la fachada oeste, que a la postre no altera en demasía el conjunto. El ábside (fotos 1 a 8) se asienta sobre alto zócalo, necesario para salvar el pronunciado desnivel del terreno. Fijaos en que las cuatro hileras del lado sur se convierten en una única fila en la fachada norte.
El tambor absidal (fotos 2 a 8 e inferior) se compone de tres cuerpos separados por dos impostas: la de la base de las ventanas y la que se sitúa a la altura del arranque de los arcos con que se rematan aquellas. Dos semicolumnas sobre altos plintos dividen el semicírculo en tres calles y se coronan con sendos capiteles que, junto a una serie de canecillos de proa de nave, sostienen el alero. En el cuerpo central se abren las tres ventanas aspilleradas con derrame interior; todas llevan arcos de medio punto que apean sobre columnas acodilladas con interesantísimos capiteles.

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