La iglesia de San Cornelio y San Cipriano ocupa una isleta rodeada en su mayor parte por un muro de piedra de escasa altura y separada del resto de edificios vecinos por calles asfaltadas (foto 1). Para acercarnos hasta el exterior del ábide tendremos que acceder al recinto delimitado por el muro, que queda algo más elevado que las calles que lo circundan. La nave única del edifico está muy disimulada por los añadidos de la fachada de mediodía, no así la cabecera, que ha llegado hasta nosotros casi intacta.
Se compone de tramo recto presbiterial y
ábside semicircular que no presenta gran riqueza escultórica en sus elementos decorativos, lo que ha llevado a pensar que el maestro de la portada y el que o los que trabajaron en el exterior del edificio formarían parte de dos momentos constructivos diferentes. En todo caso, si coincidieron en el tiempo, la pericia del que esculpió la portada queda muy por encima de la de los maestros del ábside.

Éste se construye con sillares de arenisca muy bien trabajados y se compone de tres calles separadas por dos contrafuertes prismáticos de tres cuerpos en degradación que no alcanzan la altura de la cornisa (fotos 2 a 6). Dos aberturas se practican en el tambor del ábside: la del paño sur, algo solapada por la sacristía (foto 2), y la de la calle central (foto 5). Tanto la calle norte del ábside como el tramo norte del presbiterio carecen de ventanas (foto 6).
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