El edificio original tenía planta basilical de tres naves rematadas por ábsides semicirculares de tipo lombardo, pero la gran reforma que sufrió entre los siglos XVII y XVIII, que incluyó una reorientación de las naves, acabó con esta estructura y transformó lo que debió de ser una de las cabeceras más logradas del valle en lo que ahora podemos ver en la foto 1: un templo en el que la absidiola meridional y el ábside central han sido demolidos (a la izquierda de la imagen) y la solitaria absidiola septentrional como único testimonio de la cabecera románica (a la derecha).
Tanto la nave sur como la nave central, desprovistas de sus correspondientes ábsides, fueron tapiadas a la altura de los antiguos arcos de triunfo, abriéndose la nueva portada de acceso en el muro que sirvió para cerrar el ábside central. El óculo que podéis observar por encima de la portada también es de nueva factura.
Con la nueva distribución lo que antes era el pie de la nave central pasó a ser el presbiterio y viceversa, el presbiterio pasó a ser el pie en la nueva orientación. Lo que era la absidiola norte cumple hoy las funciones de baptisterio. En la parte superior del paramento todavía son visibles los arcos de acceso.
Poco queda pues de la cabecera original, pero la absidiola norte (foto 2) puede servirnos para hacernos una idea aproximada de lo que probablemente fue una de las cabeceras más notorias del valle. En ella el paramento se divide en tres calles por medio de dos lesenas que enmarcan la ventana central de doble derrame (enlace 4). Cada una de las calles se remata por dos arquillos ciegos (enlaces 3/5/7). Un friso de dientes de sierra corre por debajo de la cornisa.
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