Obra culmen del románico de la península, el altorrelieve de Cristo en Majestad rodeado por el Tetramorfos (foto 2) es, sin duda, una pieza relivaria que por sí sola justifica la visita de Carrión de los Condes. Sin profundizar en los estudios que se han ocupado de él, el friso de Carrión pertenecería a un momento de transición entre el románico y el gótico, y los diversos autores han señalado influencias que van desde la estatuaria grecorromana a la catedral ya plenamente gótica de Chartres.
El hieratismo del rostro de Jesucristo (enlaces 3/4), dentro de la más pura tradición románica, se combina con un tratamiento de los ropajes mucho más atrevido y lleno de movimiento y el naturalismo más propio del gótico, que aquí se refleja en el modo de esculpir los pies y manos de Cristo (enlace 5) o en las figuras animales del león que representa a Marcos (enlaces 8/12), el águila de Juan (enlace 10 y foto inferior) y el buey símbolo de Lucas (enlace 11).

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