Franqueamos la puerta del cementerio y accederemos al interior de la cabecera. En sus muros, sobre todo en la bóveda de cuarto de esfera del ábside, todavía son perceptibles restos del encalado con que se recubrió las paredes, así como los efectos de la humedad (fotos 1 a 6).

Interiormente, los ventanales reproducen la misma estructura del exterior: un vano en cada tramo presbiterial y las tres ventanas absidales. Todas ellas arrancan de una imposta ajedrezada en caveto que corre a lo largo de la cabecera. Por encima de las ventanas y los capiteles de los arcos corre otra imposta que separa la cubierta de los muros. El paso de la perdida nave al presbiterio se realiza por medio de un arco de triunfo de doble rosca y ligeramente apuntado. La separación entre el presbiterio y el hemiciclo se efectúa con un arco fajón que apoya también en dos semicolumnas.
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