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Iniciaremos nuestro recorrido a orillas del Cantábrico para finalizarlo en la zona interior de Cantabria, siguiendo el curso del río Deva y el de su afluente, el río Bullón. Nos adentraremos en sus valles y descubriremos bellos parajes que esconden auténticos tesoros del románico cántabro.
Tomaremos la N-621 hasta Ojedo, adentrándonos en el valle del Liébana. En Ojedo visitaremos la puerta de la Capilla de San Sebastián (foto 2), procedente de la antigua iglesia románica. En ella se pueden observar influencias de Piasca.
La región de Liébana fue un importante núcleo de monasterios y de humildes iglesias románicas que fueron pronto dominadas por los grandes monasterios de Santo Toribio y Santa María de Piasca. Seguiremos por la N-621 y tomaremos la CA-185, desviándonos casi de inmediato por la CA-885 hasta llegar al Monasterio de Santo Toribio de Liébana (foto 3). Es considerado el centro espiritual de la zona y por su historia y ubicación su visita es obligada. En sus inicios, que se remontan al s.VIII, fue un cenobio dedicado a San Martín. El monasterio se conocía como San Martín de Turieno y a su alrededor y dependientes de él existían pequeñas ermitas o capillas. En los s. XI y XII era el monasterio más importante de la Liébana y compartía la denominación de San Martín y Santo Toribio obispo. Finalmente pasó a llamarse Santo Toribio de Liébana. En 1256 se edifica la actual iglesia, conservándose de la primitiva iglesia restos de sillería en el interior y las dos puertas del muro sur, de constucción románica tardía. Conserva el Lignum Crucis, un relicario en el que se guarda la madera del brazo izquierdo de la cruz de Cristo. Una vez visitado el monasterio y sus alrededores retomaremos la N-621 hasta Ojedo y nos desviaremos hacia la derecha por la CA-184, bordeando el río Bullón, hasta Frama. En su iglesia, Santa María, nos espera una bella portada románica y en un sillar una cruz cincelada en un redondel. El monasterio de Santa María de Piasca, al igual que el de Santo Toribio, se concibió como cenobio dúplice de monjes y monjas en el s.IX. En un principio era gobernado por abadesas y más tarde el gobierno era compartido. Alrededor de 1120 pasa a depender de Sahagún, monasterio benedictino leonés, y la documentación deja de mencionar abadesas. A partir de su consagración, en 1172, se contruyó un templo más amplio que se transformó en diversas ocasiones adquiriendo un estilo gótico, si bien mantiene gran parte de la factoría románica. En el interior destacan sus detalles escultóricos, seguramente realizados por canteros provenientes de Santa María de Aguilar, que al igual que en Santillana nos ofrecen un trabajo de gran calidad, maestría y delicadeza. En el exterior, la decoración es extraordinaria y curiosa tanto en las puertas principal y meridional, como en las arquivoltas, impostas, capiteles y canecillos. Presenta una lápida con la fecha de su consagración y detalles de la misma. |
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